23 de noviembre de 2021 -La voz propia y un paseo de otoño

Una de las cosas por las que me gusta andar por WP es por sentir que no me quedo todo para dentro, en el interior de mi vivienda, mi hogar. No se trata de dar a conocer porque ya solo el intento se queda en la superficie. La expresión «dar a conocer» es de mucha enjundia. Conviene saber qué significa. Antes de detenerme en la correcta semántica de las cosas, prefiero detenerme en el impulso que hace que quiera escribir este texto, por ejemplo, en una entrada de blog en lugar de en uno de mis cuadernos. Y el motivo es obvio: hace unos meses establecí una conexión con el exterior, independientemente de que hubiera un receptor, y ese tipo de conexión me hace contar las cosas de una manera diferente, de una manera que no utilizo en mis cuadernos en el interior de mi vivienda, en mi hogar.

Es de este modo, y no a través del estudio, de talleres, de tertulias, como he comprendido que la escritura se define a sí sola según a qué o quién te dirijas y según el medio que utilizas. El tipo de conexión que estableces desde un principio, tu actitud, es el tono y la voz que determina el tipo de comunicación. A partir de ahí, si lo tienes claro, puede que ya no te importe la recepción, ese supuesto lector que te informará de su aprobación, su acogida. Puede que ya no dependa de que haya alguien al que llegue lo que cuentas o expresas para seguir haciéndolo. No estoy haciendo teoría, aunque es difícil huir de ello cuando vas razonando.

Realmente estoy hablando de mi experiencia. Ya solo se me ocurre hablar de mi experiencia, y desde mi experiencia no creo en eso que se dice de que escribimos porque queremos ser leídos. Si fuera así, las motivaciones para escribir para muchos de nosotros serían nulas. Tampoco creo en eso que dicen que si un escritor no publica es como si no existiera como tal escritor. Demasiada teoría literaria, demasiada teoría acerca de la creatividad, demasiada autocomplaciencia psicológica. Es natural que nos creamos todo porque necesitamos respuestas para todo; especialmente, necesitamos respuestas para comprender el sentido de lo que somos. El sentido último de la vida, para qué hacemos cualquier cosa.

Así que este es el tipo de conexión del que hablaba. Hacemos cosas porque no nos queda más remedio que satisfacer una necesidad interior, y cuando escribimos satifacemos una necesidad interior que no tiene mucho que ver con la necesidad de que nos lean. Mejor satisfacer una necesidad interior de expresión, que fluye y que queremos trabajar por el mero hecho de trabajarla, por satisfacción, que permanecer en el para qué de las cosas. Esa pregunta no tiene repuesta. Hay que vivir, y de ese mismo modo, hay que escribir, o lo que sea que tengamos por hacer como necesidad interior.

Escribir en un blog se ha convertido para mí, de momento, una forma de contribuir a esa satisfacción de mi necesidad interior. Por supuesto que flota en mi conciencia la vaga sensación de que hay una presencia ahí leyendo, pero no sé si tiene que ver mucho con una presencia real. Creo que no. ¿Darse a conocer? No creo. Se pierde mucho tiempo y mucha energía en ese trámite, y cuando te das cuenta del esfuerzo, solo pensar en ello, hace que te alejes de tu primera necesidad interior. Tu actitud muta, y tu tono, tu voz, corren el riesgo de desaparecer, de desvanecerse.


Y ahora un poquito del día de hoy en imágenes. Esta es otra forma de dejar constancia de la diferencia entre los días que vivimos, cuando hacemos o vemos algo y dejamos constancia de ello. Es una forma de colocarnos en el calendario. Todos los días parecen iguales, lo parecen, pero hay pequeñas diferencias.

Un paseo, como todos los paseos que doy para sacar a mi perra. Hoy era este día en Madrid, en el Retiro. El cielo tenía ese gris que anuncia la nieve. No ha nevado en la ciudad, desde luego, pero ese cielo, ese cielo pintaba el día de otoño.

Hasta que no vi la foto en el móvil, no me di cuenta de que había captado el pájaro en vuelo. «Te colaste adrede, lo sé, y me encanta.» Hay cosas que ocurren sin percatarnos de que ocurren.
Dos amarillos, dos verdes. El arce sobre la higuera. Las hojas del arce sobre el seto. Pintando no consigues la belleza de su realidad.
Qué extraño y sobrecogedor gris. Según el día que se dé, determina un estado de ánimo. En mi, caso, irónicamente, me ha hecho sentir esperanzada.
La humildad de un manzano y en el fondo emerge un racimo de hojas de chopo que trepan hacia lo alto.
Chopos. Pináculos ocres rompiendo el cielo.
Un camino sobre un lienzo.

21 de noviembre de 2021 – No hay cambio, solo me acomodo

Antes tenía una costumbre. Lo llamo costumbre porque se repetía. Esta costumbre era huir de algunas cosas y de algunas personas. Si me sentara frente a un espejo y me contara que esto era lo que hacía, no me lo creería. Y la verdad es que por más que nos empeñemos en hacernos un retrato de lo que fuimos en un pasado, eso tiene poca importancia ya de cara al momento en el que estamos viviendo. La cuestión es que ya no huyo de nada. Me voy si algo no me llena o interesa, habiendo escuchado un poco primero para una decisión y un movimiento más certeros, pero no huyo.

Estoy hablando de esto a raíz de mi cambio de blog. El cambio no tiene nada que ver con desaparecer o huir de lo que estaba haciendo en el otro. De hecho, el anterior continúa abierto. Ahí está todavía, en Esbozandolosdías, y este blog es una continuación del contenido que ya publicaba.

Quizá me haya expresado mal en la entrada donde informaba de dicho cambio. Al referirme a mi actividad, a mi experiencia profesional y a mi vocación, daba la sensación como si fuera a realizar algo más serio o más consolidado. Para nada es así. Mi propósito es seguir como hasta ahora, solo que no quiero restringirlo a mi vocación por el dibujo o la pintura. Me apetecía un lugar donde confluyera mi día a día, donde registrar de vez en cuando lo que ocupa mi día a día.

Yo tengo mis actividades de lectura, ver series o películas, cocinar, tareas domésticas, clases de inglés, relaciones con personas, mi familia, pensamientos, sentimientos, reflexiones, y lo voy registrando a través de mis cuadernos físicos, escribiendo o dibujando y pintando en blocs físicos o en el formato que sea. Mi idea es registrar algo de esto en mi weblog, aunque, desde luego, no con la asiduidad con la que lo hago fuera de la red.

Así que este cambio no es para darme un impulso profesional. Voy a seguir trabajando del mismo modo y seguir siendo la misma. La idea de ponerle nombre al sitio que tenga mi nombre es también un logro, como el de no huir más de las cosas o de las personas. Es un nombre y es el mío, así que me siento cómoda. Haberme sentido cómoda todo este tiempo mientras publicaba en mi anterior blog y ahora en su continuación, es un logro también.

Así que no hay tal cambio, solo acomodarme un poco más y abrir el espacio a la totalidad de lo que soy o hago. Puedo hablar de mis clases si me apetece, de mis tareas domésticas si me apetece; puedo exponer pensamientos, sentimientos o reflexiones con un toque más metafísico si me apetece. Puedo promocionar lo que deseo promocionar en el ámbito creativo o profesional si me apetece. Soy libre de seguir los sitios que quiera seguir y no dependo de ningún seguimiento. Me relaciono donde encuentro puntos en común o de interés. Y, además, puedo darme mis descansos cuando lo necesite o no me apetezca entrar en WP.

Así que más que cambio es una apertura y una consolidación, o un camino hacia la consolidación de una forma de hacer las cosas. Un acomodo.

Muchas gracias a los que os habéis decidido a seguirme en este nuevo camino.


He añadido el apunte en tinta de color que figura abajo porque tiene alguna relación con lo que he escrito. El razonamiento que lleva a comprender esta relación puede ser complejo y no voy escribirlo ahora, porque me siento perezosa. Pero sí voy a contar por qué me apeteció dibujarlo en su momento, el 31 de octubre. Lo dibujé porque es un tarro de mermelada que solemos comprar en casa. La mermelada de esta marca, la de ciruelas, está francamente buena y no tiene azúcares añadidos, su dulzor es a base de zumos concentrados. Sin embargo, el formato del tarro hace bastante difícil rebañar el fondo de su contenido. Mi marido y yo hemos llegado a pensar que la fabricación de este envase, bonito y complicado, es una forma de distinguirse, porque su practicidad es nula. Desde luego, consigue distinguirse, y hace que te esfuerces para sacarle la mermelada una vez que empieza a vaciarse.

Tan pequeña, tan volátil

Me siento tan pequeña, tan volátil y a la vez infinita.

Y es una sensación bonita.

La vida es extraña y también agradecida

si se la trata bien. Te da tanto como te quita.

Pienso en quien no tiene la oportunidad de abrazarla y deseo

que un golpe del destino se lo permita.

Deseo que pueda sentirse tan pequeña, tan volátil

y a la vez tan infinita.

(Escribí esto de arriba ayer, después de hacer la improvisación en acuarela. Al releerlo esta mañana me di cuenta de que tenía cierta rima, a su manera. Es curioso como hay una melodía interna que puede dictarte lo que has de decir, como la vida misma si escuchamos. No es una rima cuidada, y es que el cuidado de la poesía en este sentido me queda lejos, me viene grande, me da pereza y no me interesa. Intento ser sincera.)

En la espera y en la duda con hojas de otoño, 15 de noviembre de 2021

Quitando el peso del tiempo y la duda con hojas de otoño. Hay momentos para la definición y momentos para jugar. En la espera y en la duda, mejor jugar.


Unburdening time and doubt with autumn leaves. There are moments for definition and moments for playing. While expecting and in doubt, better play.

So the head being thick

so full of things that come and occupy,

as much as they can and however they can,

ideas, intentions, decisions,

better not look at the ground for too long.

I’m not saying that the sky wins in the uncertainty,

however, to open a space

where either one, sky and ground,

do not get too close to each other, but,

for instance, at the level of my eyes,

to keep it that way a little

until things grow accustomed to time.

Sure it’s a good and necessary rest.

Las visitas/ Visitors (3 de noviembre de 2021)

Con las visitas nunca se sabe. No se sabe si vienen para quedarse o solo para cotillear. Pero, ¿qué se yo de visitas? Hace tanto que no recibo ninguna que no estoy dispuesta para recibir ninguna.

Ahora me imagino vivir en una casa de ladrillo rojo, resguardada por el verdor de mi jardin. Un jardín asalvajado, cuidado en su estado indómito.

Me gustan las malas hierbas, las flores inesperadas, las trepadoras que no se anuncian para anidar en los muros con sus hojas y ramas. Se apropian de la superficie.

Puede que tenga un gato que se agazapa a la entrada sobre las losas rugosas y grises.

En esas estoy yo, en mi imaginación, y me llegan de pronto las visitas. Son inesperadas. No tienen ninguna vinculación con la vida que tenía antes; casi no las conozco.

Me quedo con esta estampa, conmigo recibiendo a mis visitas inesperadas de la imaginación y con esta casa de ladrillos rojos resguardada por el verdor de mi jardín asalvajado.

Dejo la puerta entreabierta. Nuestras siluetas se solapan y se saludan. Puede que hayan venido para quedarse y se olviden del motivo verdadero de su llegada.

Cuando se vayan, si se van, me quedaré asomada a mi ventana mientras miro un horizonte eterno de idas y llegadas.


Apuntes del cuaderno grande blanco II
3 de noviembre de 2021
Las visitas (texto e imagen)

You never know with visitors. You never know if they come to stay or just to gossip. But, what do I know about visitors? It’s been so long since the last one that I’m not prepared for any.

Now I imagine myself living in a red brick house, sheltered by the greenery of my garden. A savage garden, cared for in its untamed state.

I love weeds, the unexpected flowers, climbing plants whose twigs and leaves nest unnanounced on the walls. They get hold of the surface.

I might have a cat that crouches at the entrance on the grey rough slabs.

Here I am, in my imagination and visitors suddenly come up. They are unexpected. They are not bonded to the life I had before; I almost don’t recognise them.

I save this scene, with me welcoming the unexpected visitors of my imagination and with this red brick house sheltered by the greenery of my salvage garden.

I leave the door ajar. Our silhouttes overlap and greet each other. They might have come to stay and have forgotten the true reason for their arrival.

When they leave, if they leave, I will remain looking out my window while I stare at an eternal horizon of comings and goings.

Apuntes del cuaderno grande blanco II
3 de noviembre de 2021
Las visitas

Improvisación para La librería ambulante de Christopher Morley, 10 de noviembre de 2021

Este apunte en acuarela empezó como una improvisación, echando agua en el papel y luego color para ver cómo se extendía y ver qué me decían las mismas manchas. Después, al vestir la parte inferior con verde, me vino a la cabeza la lectura que acababa de terminar y unos fragmentos que me gustaron y había reservado para citarlos en algún momento, para recordarlos. Entonces llegó la caravana de la librería ambulante del señor Mifflin.

Pero usted necesita libros que le enseñen cómo vivir, no cómo morir.

[…]

En cuanto a mí, dijo el profesor, no tengo facilidad para el estilo grandilocuente. Siempre he tenido la impresión de que es mejor leer un buen libro que escribir uno malo y pobre. Y he mezclado tantas lecturas a lo largo de mi vida que mi mente está llena de ecos y voces de hombres mejores que yo. Pero este libro que planeo escribir realmente merece ser escrito, creo yo, porque tiene su propio mensaje.

[…]

El mundo está lleno de grandes escritores que hablan de literatura, dijo, pero todos ellos son egoístas y aristocráticos. Addison, Lamb, Hazlitt, Emerson, Lowell, escoja al que quiera, conciben el amor por los libros como un escaso y perfecto misterio al alcance de unos pocos, algo reservado al silencioso estudio donde se refugian en las noches con una vela, un cigarro, una copa de oporto sobre la mesa y un perrito de aguas junto a la chimenea. Lo que quiero decir es: ¿quién se ha aventurado alguna vez en las montañas y los campos para llevarles la literatura a las gentes más simples?, ¿quién ha llevado la literatura hasta sus mismos hogares, hasta sus razones y corazones, como dicen por ahí?

«La librería ambulante» de Christopher Morley.

Árboles en un libro y apuntes de otoño de 2019 con hojas secas naturales

Hubo un momento en el otoño de 2019 en el que me dio por darme cuenta de la existencia de los árboles, pero sobre todo de sus hojas. Desde entonces he aprendido a nombrar a unos cuantos de ellos. Recientemente encontré un libro al precio de 3 euros que compila las especies de árboles en su mayoría, un bonito y afortunado encuentro. Puede que un día haga algo inspirándome en su lectura.

No pretendo ser una entendida. Los árboles me gustan por los que son, esos seres a los que, si lo piensas detenidamente, nos parecemos mucho las personas por su anatomía. Nuestra vinculación a su existencia radica precisamente en nuestro origen arborícora. Más allá de esto, en lo poético, son una verdadera metáfora de la fuerza energética de la vida y del paso del tiempo. Son gigantescos guardianes del mundo.

Tengo una serie de apuntes en acuarela en los que pegué hojas secas naturales. Quería dejar constancia de una observación y de que la hoja natural puede ser representada, pero no superada por su representación.

Me ha apetecido volver a recoger en este blog los apuntes de hojas de algunos árboles que hice en el otoño 2019. De ese modo, reviso y me doy impulso para pensar en más posibilidades.


Mi «mood»

Yo sé que cuando caía en este estado de ánimo hace años era una forma de purgarme. Mi madre conocía este estado de ánimo mío muy bien, mejor que yo, y me decía: «Siempre te pasa eso. Te revuelves y llegas un punto en el que crees que no vas a poder más, que las cosas no merecen la pena y niegas. Luego estallas y entonces renaces, entras en calma y das un paso hacia delante.»

Esto es así en parte. Ahora no estallo. Me quedo como un lagarto al sol. Por dentro parezco una mosca que comienza a desorientarse por el frío. Hay un atisbo de decaimiento, de derrota en silencio. Vuelvo a mi refugio y entonces renazco.


I know that when I fell into this kind mood years ago it was a sort of cleanse. My mother knew this mood of mine quite well, better than me, and used to tell me: «You always go through the same thing. You rebel and get to a point at which you think you won’t be able to go any further, that it’s useless and so deny. Then you burst and come to life again, you calm down and take a step forward.»

Now, this is so partly. I don’t burst. I stay still like a lizard in the sun. Inside me, I look like a fly that’s beginning to get disoriented with the cold. There is a sign of weakening, of defeat in silence. I come back to my refuge and so come back to life again.

Cada día una improvisación.
Cada día una intención.
No abandonas en cuarto de juegos.
Estaba ahí, siempre en tu cabeza.
No haces nada de cara al exterior.
No hace falta.
No cuando estás jugando.
La intención toda en su disfrute,
en la improvisación.
Improvisación

Apunte del cuaderno blanco grande II
1 de noviembre de 2021

Everyday an improvisation.
Everyday an intention.
You do not abandon your playroom.
It was there, always in your head.
You do not do anything facing out.
It is not necessary.
No when you are playing.
All the intention set to enjoy,
to improvise.

Cosas que no eran nuestras

En lugar de mirar nuestro pasado y lamentarnos, que se nos da muy bien hacerlo, podríamos simplemente mirar lo que hay a nuestro alrededor, aquello que hemos desechado porque nos ha hecho daño y procurar no repetirlo. No es fácil, duele, molesta y se pierde mucho en el camino, pero también se gana. Porque hay cosas que creíamos tener que no eran nuestras, que no nos correspondían, que no nos beneficiaban y sobre todo, nosotros tampoco les beneficiábamos. Vamos a dejarlo estar.


Instead of looking back to our past and regret, which is something we are so good at, we could simply look at what is around us, those things we have got rid of because they hurt us once and should try not to do them again. It isn’t easy, though. It hurts, it bothers and we lose a lot on the way, but we also gain. Because there things that we thought we had that weren’t ours, which did not belong to us, which did not do any good to us, and most of all, we did not do any good to them. We should let them be.

Miro las copas de los árboles cuando la realidad se hace compleja.
Es una buena perspectiva.

I look up at the top of the trees when reality gets complex.
It’s a good point of view.

Improvisando
Apunte de tinta de color
31 de octubre de 2021
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